
Las piezas principales del concierto siempre son la Marcha Radetzky, compuesta en honor a un barón del siglo XVIII, pieza popular en la que el público suele dar palmas al ritmo de la música; y el vals más célebre de Johann Strauss padre, El Danubio Azul.
Además, el director escogido de este año (es un cargo electo que se renueva cada año para la ocasión, siempre entre las grandes figuras de la dirección del mundo), ha decidido concluir el concierto con una pieza nunca interpretada en la Sala Dorada: el cuarto movimiento de la Sinfonía de los Adioses, primera pieza de Joseph Haydn que se toca en este teatro. Lo singular de esta sinfonía es que los instrumentistas se van retirando a lo largo de la pieza, dejando cada vez más solo al primer violín, que se queda abandonado en el escenario.
Barenboim, que posee la sede de su fundación en Sevilla, dice estar "muy orgulloso" de la Orquesta del Diván. Por ello esta noche busca, al igual que con su orquesta de israelíes y palestinos, que la música sea el remedio ante tanta penuria.

Si quieren escuchar un fragmento de la Marcha Radetzky de Strauss, vaya al final de la página y selecciónela en el reproductor de vídeo.